Por: José Armando Guidi Gutiérrez
Cada vez es más difícil manejar un vehículo en las ciudades de Bolivia. Se dice que la conducción de motorizados es una profesión.
Eso supone capacitaciones y evaluaciones previas a la otorgación de la licencia o permiso para conducir.
Muchos conductores parece que olvidaron lo aprendido u obtuvieron el permiso de manera "sospechosa.” No es raro que otros sean conductores ilegales.
No es suficiente conducir en apego a las normas viales establecidas en el Código de Tránsito y su reglamento para evitar accidentes. Quien conduce debe cuidarse de la imprudencia de otros conductores y de los peatones. Los peatones también deben cuidarse de los conductores atolondrados.
Ciertos conductores no observan el semáforo o hacen que no mirar, como si fuera un simple ornamento que cambia de colores. Para algunos peatones tampoco tiene importancia que exista.
No puede estacionarse en algunas calles atascadas de automotores y habitantes. Las señales de tránsito anuncian la prohibición en las cuadras en que se encuentran. No son percibidas por los conductores sino fueron sancionados pecuniariamente por su omisión. El insuficiente espacio para el aparcamiento lícito aumenta las posibilidades de infringir.
Las señalizaciones de velocidad máxima tampoco son leídas en las ciudades bolivianas. Por voluntad o ingenuidad, hay conductores que aceleran como si estuvieran en autovías o carreteras. No perciben que están cerca de las escuelas o centros de abasto y pueden atropellar a cualquier peatón tan imprudente como ellos.
La conducción posterior al consumo de bebidas alcohólicas es otro hábito recurrente de muchos conductores nacionales. La regla "si bebes no conduzcas" es una simple metáfora en la cultura vial boliviana.
El uso del casco es obligatorio para todo motociclista y su acompañante si fuera el caso. Aquél que porte licencia legal sabe que es obligatorio ponérselo en la cabeza para su protección. Algunos motociclistas lo llevan en el brazo como si fuera una pelota y se exponen a cualquier accidente con la cabeza descubierta. Otros llevan a alguien sin casco y también arriesgan su vida.

Aprovechan cualquier espacio para adelantar a los vehículos de cuatro ruedas. Lo hacen velozmente, confiados en que no habrá otro conductor o algún peatón tan despistado como ellos en su camino. No siempre tienen la fortuna de encontrarse con los pocos que tienen educación vial. El infortunio de encontrarse con otros descuidados desemboca en fatales consecuencias.
Los "micreros", "taxistas" y "minibuseros" paran donde quieren. Los pasajeros mal acostumbrados se enojan cuando el conductor no para donde solicitan subir o bajar. El estacionamiento momentáneo coadyuva al "congestionamiento vehicular" de las calzadas de alto tránsito en horas pico.
Por una irresponsable comodidad posiblemente, el uso de cinturones de seguridad es la cualidad distintiva de unos cuantos conductores.
Varios conductores evaden
rompemuelles invadiendo carriles en contra ruta. Ésta es una de las causas por
las que se produce colisiones o atropellos a peatón.
Las coimas aceptadas o exigidas por algunos oficiales de la policía, fortalece
el analfabetismo vial de algunos conductores que se salvan de ser sancionados.
Las faltas cometidas pasan inadvertidas si no hay nadie que observe y denuncie.
En consecuencia las infracciones continúan y aumentan.
El control debe ser más estricto, en lo posible mecánico para no invocar a la corrupción humana. La instalación paulatina de cámaras de seguridad ayudaría a identificar a los infractores. Registradas las faltas, las sanciones deben ser innegociables, de tal suerte que al menos por miedo, los conductores eviten violar las normas de vialidad.
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