El trabajo infantil, otra forma de violencia contra la niñez y la adolescencia

Dentro de esa cadena de ruidos y bullicios diarios, en Sucre existen más de mil quinientos niños y adolescentes que trabajan para sobrevivir,  la difícil situación económica los impulsa a  salir en procura de  ganarse el pan de cada día  e inclusive exponerse a los peligros de la noche.

El código Niño, Niña y Adolescente establece que las defensorías pueden autorizar el trabajo infantil desde los diez años, sin embargo, haciendo un simple recorrido por las calles sucrenses, se evidencia que la infancia se incorpora al trabajo desde temprana edad. 

Los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de 2015, revelan que los jóvenes que trabajaron cuando eran niños tienen más probabilidades de convertirse en trabajadores familiares no remunerados y si abandonaron la escuela, tienen menos probabilidades de conseguir un empleo estable, que sus pares más instruidos.

Muchas son las causas que motivan el trabajo infantil; entre ellas la pobreza, la desintegración familiar, el abandono, el maltrato físico y  psicológico;  además de  la migración.

Luis es uno de ellos;  se levanta muy temprano para lustrar zapatos, la escuela está en segundo o tercer plano porque él ya tiene una obligación; debe cubrir los gastos de su familia.  “Prefiero dejar las tareas y los libros para dedicarme solamente al trabajo, no me queda de otra” es la frase que expresa su lamento.

“Generalmente los niños y adolescentes, que trabajan en nuestra población  fueron ingresados por sus padres en el mercado laboral, para que ellos puedan proporcionar a la familia,  parte de la economía “señala Mariel Muñoz, Psicóloga de la Defensoría Nº  1 de la Niñez y Adolescencia  

A veces las ocupaciones que han podido encontrar,  conlleva  a un   sobre esfuerzo físico, utilizan su ingenio, logran vender toda su mercancía, sin embargo el brío del día apenas les alcanza para unos cuantos panes y quizás algo más. 

La falta de amor por parte de sus padres les obliga a buscar desesperadamente otros círculos sociales, donde encuentran  amistades momentáneas  para llenar el enorme vacío que encierran en su ser, ésta resulta ser a veces,  una de las rutas más cortas para llegar a las pandillas y transformarse en la sombra temida por la sociedad.

En algunos casos el consumo de alcohol, clefas  y otros alucinógenos,  deterioran significativamente  la salud de los  niños y adolescentes, al  principio lo hacen por su naturaleza  de investigadores principiantes,   pero luego sin darse cuenta, se encuentran sumidos en un espacio de mundos imaginarios en el que intentan encontrar la felicidad. 

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